THE BEAUTY MAIL. Cristina Mitre
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25 abril 2017
Mi vida sin hijos
por Cristina Mitre

Soy Cristina Mitre Aranda. La hija menor de Luis y Sagrario. La hermana pequeña de Luis y María. La mujer de Jony. La tía de Covadonga, Carmela, Cristina y Luis… soy, hija, hermana, esposa, tía, sobrina, prima, nieta, nuera y cuñada, pero nunca será la madre de nadie. Porque así lo he decidido.

De adolescente ya decía que no quería tener hijos. Quería ser moderna, como la Calaf, teñirme el pelo de rojo e irme de corresponsal a algún sitio lejos de Gijón, o ser como Maruja Torres para escribir crónicas de guerra al pie de alguna trinchera. Al final, no me teñí el pelo de rojo, ni me fui de corresponsal, y la única vez que me he vestido de camuflaje ha sido para las fotos de mi nueva sección en ELLE. Estudiar periodismo y no tener hijos ha sido lo único que he cumplido.

Sin embargo, me hubiese gustado experimentar el embarazo, para tocarme la barriga como si le estuviese sacando brillo a una bola de cristal, darme antojos para poder comerme hasta merengue petrificado, como hizo Clara en su día, comprarme esa ropa imposible de premamá, dejar de verme los pies… y hasta parir, aún sabiendo que duele. Pero no ha sido así. Sabía que concebir sin ayuda era imposible, por circunstancias diversas, y yo tenía claro que no quería pasar por un tratamiento de fertilidad, ni una adopción, porque no estaba dispuesta a pagar el peaje físico y emocional que significaba embarcarse en cualquiera de estas dos aventuras. Además, más allá de ser madre, había otras muchas cosas que quería hacer en la vida. El no poder concebir un hijo no significa que no puedas ser padre, pero tras estudiar la opciones decidí, junto a mi pareja, que era un camino que no queríamos recorrer, sobre todo, yo. No estaba dispuesta a ser madre a cualquier precio y siempre he pensado que hay mil formas de dar amor. La maternidad es sola una de ellas.

no madres

Esta foto con mi sobrino Luis recién nacido, que subí hace unos meses a mi Instagram (@thebeautymail) para denunciar los ciberataques de mujeres contra mujeres a cuento de la  (no)maternidad, es curiosamente una de las imágenes que más likes y más comentarios ha suscitado en mi perfil desde que lo abrí. Este hecho, junto a la publicación del magnífico libro de la periodista María Fernández-Miranda No Madres (Plaza & Janés) me ha hecho decidirme a compartir, como ella, mi historia. Su libro no es un ataque a la maternidad. Todo lo contrario. Es un alegato a la libertad de elección y quiere reivindicar el derecho que tenemos TODAS las mujeres a no ser juzgadas. Lectura obligada. Gracias María por darnos voz.

A diferencia de muchas mujeres que deciden no ser madres, yo nunca he sentido “la presión”. Quizá porque mi entorno conocía mis circunstancias personales, porque además mucha gente asumía que tras haber pasado un cáncer de ovario con 25 años no podía tener hijos y así, me he ahorrado mucho la pregunta de “para cuándo el niño”. Pero la pregunta nunca me ha incomodado, porque cuando no me conocen quiero entender que es por cortesía, como el clásico “a qué te dedicas” o “el tienes pareja”. Igual que hablamos del tiempo con desconocidos, los hijos suelen ser una tema de conversación recurrente, un lugar común para charlar. Y tampoco he sentido “el instinto maternal”, “ni el tictac de mi reloj biológico” porque creo que no es una cuestión tanto hormonal sino de educación y de presión social. Y aquí, como explica en este gran artículo Patricia Ramírez, ni los investigadores se ponen de acuerdo.

Lo cierto es que hasta la fecha nadie me ha preguntado el porqué. A excepción de mis sobrinos. Los cuatro en algún momento me han preguntado con naturalidad por qué no tengo hijos y a todos les he contestado de la misma forma: “para qué quiero un hijo si ya te tengo a ti”. Y la explicación les ha parecido suficiente. Creo que el problema muchas veces no es la pregunta en sí (aunque yo prefiero no formularla), sino la interpretación qué hacemos nosotros de ella y el valor que le damos. Confieso que en todos estos años, solo me ha incomodado una vez. Fue durante la presentación de mi primer libro Mujeres que corren. Después del acto, se me acercó una mujer y, tras una breve charla, lo primero que me preguntó fue si tenía hijos. Y ahí, lo confieso, me dolió. Primero, porque parecía que aquello quitaba valor a todo lo que había logrado en estos años, porque como no tenía hijos tenía mucho tiempo para mí y, porque en todo esta aventura a golpe de zapatilla, esa pregunta jamás me la ha formulado un hombre, quien inevitablemente lo primero que quiere saber es cuál es mi mejor marca en maratón, porque qué hacer con los niños no suele ser algo que ellos se cuestionen cuando se trata de su tiempo libre (en la gran mayoría de los casos). Imagino que si el libro hubiese estado escrito por un hombre, esta mujer tampoco le habría preguntado al autor si tenía hijos, porque asumiría, como la gran mayoría, que tiene una pareja que se encarga de los niños mientras sale a correr.

Mi actitud vital no me viene de serie, ni voy por la vida anestesiada. Ha habido una época más difícil, en la que todo tu entorno “se embaraza” y tus amigos desaparecen y te quedas fuera del plan. Y, al principio, claro que te sientes un poco extraña, pero decidí no aislarme, incluso cuando la conversación iba de cólicos, noches en vela y lactancia materna. Ya decía mi abuela que el saber no ocupa lugar. Me considero muy afortunada y me niego a vivir anhelando algo que no ocurrió, porque tengo cosas que me hacen, también, muy feliz y plena. Decidir no tener hijos no te hace más egoísta que una mujer que siempre tuvo claro que quería ser madre sí o sí. Y aprovecho para dejar claro que me gustan los niños.

No sientas pena por mí. No tener hijos no es ninguna putadaUna putada es que te diagnostiquen un cáncer de ovario con 25 años y le preguntes al médico si te vas a morir. Una putada es no llegar a celebrar tu cuarenta cumpleaños, como mi amiga Elisa que en la muerte me dio la mejor lección de vida, porque no se pudo morir con más dignidad. Una putada es perder la vida, como María y Almu, en un accidente absurdo que jamás debería haber ocurrido. Eso es una putada. No tener hijos es una circunstancia más de la vida. 

Por eso, me hierve la sangre cuando en redes sociales veo comentarios hirientes sobre la maternidad, desde dar o no el pecho, pasando por el colecho o el parto con o sin epidural. Y todos hechos por mujeres contra mujeres. Señoras, ¡qué desperdicio de energía! Si las mujeres fuésemos así de beligerantes con otros temas, como la brecha salarial, la igualdad de derechos o la necesidad de una política de conciliación para todos, resolveríamos la mitad de nuestros problemas y, sin duda alguna, dibujaríamos para las siguientes generaciones una sociedad mucho más justa.

La maternidad debe ser una viaje increíble, pero hay vida más allá de nuestro rol de madres, porque somos algo más que la mamá de Lucas o Sofía, aunque ese papel nos llene y nos haga muy felices. Las pasadas Navidades, mi amiga Clara me regaló un libro muy bonito. Se titula “El Profeta El Loco El Vagabundo” de Gibrán Jalil Gibrán.  Uno de los capítulos habla de los hijos y dice así:

Vuestros hijos no son vuestros hijos. Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, ansiosa por perpetuarse y aunque estén a vuestro lado no os pertenecen. Podéis darles vuestro amor; no vuestros pensamientos: porque ellos tienen sus propios pensamientos. Podéis esforzaros por ser como ellos, mas no tratéis de hacerlos como vosotros: porque la vida no retrocede, no se detiene en el ayer”.

Las que sois madres, disfrutad de vuestros hijos, sin culpa, sin remordimientos, lo estáis haciendo lo mejor que sabéis y eso es suficiente. No estéis tan pendientes de lo que hace o dice el otro. Y no os diluyáis por el camino. No os olvidéis de ser vosotras. Las que no podéis tener hijos, no sufráis, no os sintáis incompletas, porque otras vidas son posibles (y son igual de increíbles e imperfectas) y para las que habéis decidido no tenerlos, no sintáis la necesidad de justificaros. Vosotras estáis al mando, porque como decía Alaska: “a quién le importa lo que yo haga”.

Nunca me he plantado si con los años me arrepentiré o si me entrarán las dudas, porque estoy muy segura de la decisión. Me gusta mucho mi vida. Y no vivo en Disney World. Puedo tomar decisiones con mucha más libertad, vivo con menos miedos y preocupaciones que las parejas con hijos y, lo más importante, soy FELIZ porque no necesito nada más, no me comparo. Estar pendiente siempre de lo que hace, dice y opina el resto es una fuente inagotable de insatisfacción personal. Y sí, hago muchas cosas, porque busco el tiempo. Dispongo, exactamente, del mismo tiempo libre que una madre trabajadora, pero mi foco de atención no es exclusivo. Y sé repartir mis afectos y atenciones. A mi lado llevo al mejor compañero de viaje y, también, un núcleo duro que no edulcora la maternidad. Tengo la suficiente confianza con mi hermana y con mis amigas para que todas podemos mostrarnos como somos, vulnerables e imperfectas, así que sé que la crianza también tiene una cara B, mucho más ingrata y con desafíos diarios, pero esa quizá no se deja ver tanto por Instagram. Y, pese no haber puesto un pie en un paritorio, me identifico con todas las Malasmadres, la única cuenta que sigo sobre maternidad, porque compartimos el mismo objetivo: mejorar la vida de las mujeres, con o sin hijos.

Pese a todo lo anterior, confieso que últimamente pienso en la soledad de una vejez sin hijos. No es el hecho de estar sola, ni el absurdo pensamiento de no tener a nadie que cuide de mí en el futuro. Pese a ser muy expansiva y muy social, me gusta, también, pasar tiempo conmigo misma y, ahora, que trabajo desde casa es un lujo poder estar en silencio (cuando quiero charla no tengo más que entrar en bucle en Instagram). La inquietud me la produce pensar que algún día dejaré de ser la hija de… y esa sensación de no ser la prioridad de alguien, de no estar presente en el pensamiento del otro, es lo que a veces pesa y no el hecho de no haber experimentado la maternidad. Nunca seré madre, así que es difícil añorar lo que nunca has vivido, pero siempre seré la hija de Luis y Sagrario y eso, sí ha sido maravilloso.

 

 

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  • Sandra dice:

    Hermoso, real y sincero… Gracias, Cristina, por darnos voz a muchas…

  • SuLondon dice:

    Ole Cris!!!!

  • María D dice:

    El post más bonito que he leído tuyo.
    Gracias por compartir, por ser tan generosa.
    Tengo 32 años.. siempre he dicho que no quería ser madre… es algo que he dejado claro en mi entorno, y lo ha hablado con mi pareja. La gente me dice que es una postura egoísta, pero creo que todo lo contrario.
    Yo aún no estoy tan segura si en un futuro me arrepentiré.. con eso lidio.
    Gracias por darnos voz tú que tienes las armas.
    Gracias por intentar normalizar.

  • Carolina dice:

    No puedo estar más de acuerdo contigo, parece mentira que todavía tengamos que justificarnos por las decisiones que tomamos en nuestras vidas, repito, nuestras vidas. Yo soy mamá, pero esa ha sido mi opción, ni mejor ni peor simplemente mi opción. Cada vida es única, un respeto porque cada cual es libre de vivir la misma como quiera. Bravo Cris. Cambiando de tema me has enganchado a correr y ya no hay quién me pare y eso me recuerda lo afortunada que soy de tener un cuerpo sano que me permite llegar a todas partes. Un beso.

  • Cristina dice:

    Muy buen post Cristina.

    Yo nunca entenderé las preguntas de: para cuándo te casas y para cuándo tienes niños. Qué manía de meterse en la vida de los demás sin saber sus historias.

    Y ya el colmo es como nos atacamos entre nosotras, me da tanta pena! Con la de temas que tenemos por resolver y que nos digamos tantas cosas que no nos incumben, cada cual es libre de elegir y los demás tenemos que aceptar, #cambiemoslaconversación.

  • Muy buen post Cris! 😉 Y enhorabuena por ese nuevo maratón en tu alma. Besos.

  • maribel dice:

    hola Cris! que bonito lo que has escrito y que cierto…he de decir que yo tengo 37 años y es ahora cuando quiero ser madre, hasta este momento no lo he necesitado y no he tenido ese instinto. Hay gente que me dirá que es mejor ser madre joven… yo creo que la maternidad es una opción personal e intima de una mujer puesto que es ella la que lo va a llevar dentro, y a la que va a cambiar la vida, por eso debe ser una decisión meditada y querer un hijo con todas las ganas del mundo. Respeto enormemente a las personas que deciden no tener hijos, porque es su elección y cada uno tiene la libertad que desea. Dicho esto, yo quiero ser madre, pero también quiero ser mujer, amiga, deportista, hermana, y sobre todo yo misma, porque una mujer no es solo alguien para traer hijos al mundo, tenemos mucho más que ofrecer, por eso no entiendo a la gente que pregunta. Y tu porque no quieres tener hijos? sencillamente nos ponemos la zancadilla gratuitamente.
    un abrazo

  • Eugenia dice:

    No puedo estar más de acuerdo contigo, y eso que tengo 4 hijos.
    Yo ya tenía una vida y una identidad antes de ser madre, la maternidad lo único que ha hecho ha sido modificarla; y aunque ahora disfruto del maravilloso viaje de la maternidad, no es menos cierto que peleo cada día para no diluirme en el camino.

  • EVA dice:

    Amén. No digo mas…..

  • Cintia dice:

    Me parece simplemente maravilloso. Un beso muy fuerte y sigue escribiendo
    Cintia.

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